viernes, 8 de octubre de 2010

De los herejes sádicos...

(Nota al inicio: Las partes en cursiva son agregados míos)

¡A lo que hemos llegado! Uno ya no puede ir tranquilo a la Pea (o sea, la entrada peatonal de la UCA) sin el temor de encontrarse con un asesino sádico. Así los hechos:

Iba yo por la peatonal, muy melón de la vida, a sacar unas fotocopias en PC House (léase como "picijaús").
  • Muchacho de la fotocopiadora: Buenas, ¿qué va a querer?
  • Yo: Me regala copias desde aquí (le enseño una página de cuaderno) hasta aquí (y le enseño la otra, agarrando el bloque del que quería fotocopias).
Hasta ese momento, todo bien. O al menos eso pensaba yo, hasta que escuché a un hombre gordo hablando detrás de mí con una mujer (también gorda), sentados en una mesa plástica:
  • Hombre gordo: Es que mirá, el día que a mí me toque matar a un hijo de pu... lo voy a hacer con mis propias manos. Primero, lo voy a agarrar, lo voy a amarrar y luego lo voy a cortar en pedacitos (vale la pena decir, y aquí viene lo preocupante, que todo lo anterior lo dijo con satisfacción).
  • Mujer gorda: ¡Nooo! Tampoco en pedacitos...
  • Hombre gordo: ¡Cómo no! O bueno, no en pedacitos, pero lo voy a desmembrar al hijo de pu... Luego lo voy a meter en un barril, le voy a echar gasolina y le voy a dar fuego con un fósforo (Aquella atención a los detalles, ¿verdad? Aquella premeditación antijurídica).
  • Mujer gorda: ¿Y le vas a tirar encendido el fósforo? (¡Cuánta astucia, mujer!)
  • Hombre gordo: Puesi, ¿qué esperabas? ¿Que se lo tire apagado? O, sabés, lo dejaría en el barril y le echaría cemento para que se quede ahí (si me permiten ser objetivo, está difícil que un muerto no se quede en su lugar sólo porque no le eche cemento). Luego iría a dejar el barril en un parqueo, para que lo pongan de tope...
  • Mujer gorda: ¿Y si apesta?
  • Hombre gordo: El cemento tapa el olor...
  • Mujer gorda: ¿Y si alguien choca con el barril y aparece el muerto? Todos gritando, vos: "Ahhh, un muerto".
Afortunadamente para mí, el de la fotocopiadora me devolvió el cuaderno con mis copias recién salidas, y me salvó de seguir oyendo herejías. Me dirigí hacia otra fotocopiadora, en donde me esperaba una compañera. Todavía a la distancia alcancé a escuchar:
  • Hombre gordo: ¿Adivina quién es mi super héroe favorito? (Por lo que había escuchado antes, yo hubiera votado por Jack, el destripador).
  • Mujer gorda: ¿Spiderman?
  • Hombre gordo: ¡"Nhombre"!
  • Mujer gorda: ¿Batman?
  • Hombre gordo: ¡Cabal! ¿Adiviná por qué?
  • Mujer gorda: ¿Por ser millonario?
  • Hombre gordo: ¡Sí! Tiene el poder más grande del mundo: el pisto (otra vez aquella vocecilla de satisfacción).
  • Mujer gorda: ¿Y Spiderman por qué no?
  • Hombre gordo: Imaginate que supuestamente es el man más fuerte del mundo (yo pensaba que ese era Superman) y trabaja de reportero... ¡y ni hacía él los reportajes!
  • Mujer gorda: Pero tenía buena mujer, ella se los hacía (aquel machismo subrepticio).
Y ya, me retiré del lugar porque no podía más con esa plática filosófico-existencialista.

Moraleja(s): 1) Yo que ustedes ni siquiera me topara a las paredes de la casa, quién quita y el constructor era ancestro de ese hereje, con gustos por el emparedamiento de cadáveres. 2) Ahora resulta que uno ya no puede ir tranquilo ni a la fotocopiadora, porque un psicópata puede estar en la mesa de enfrente

Sentencia: Declárase HEREJE al "encementador". Que Dios nos agarre en confesión con esas pláticas.

jueves, 7 de octubre de 2010

Breve nota introductoria

A propósito de la herejía

herejía. (De hereje).

1. f. En relación con una doctrina religiosa, error sostenido con pertinacia.

2. f. Sentencia errónea contra los principios ciertos de una ciencia o arte.

3. f. Disparate, acción desacertada.

4. f. Palabra gravemente injuriosa contra uno.

5. f. Daño o tormento grandes infligidos injustamente a una persona o animal.


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A propósito de las clases de herejes

No soy la Santa Inquisición, pero me le parezco... excepto porque, claro está, yo no someto a torturas ni le doy fuego a los herejes (aunque por ratos no me falten ganas). Y es que, uno pensaría que esos cuentos son del medioevo, pero no. Los herejes abundan en nuestros días. Sí, en serio: abundan. No son como los de antes, pero de que los hay, los hay.

Para efectos didácticos los vamos a dividir en dos grupos: los herejes negros y los herejes blancos (¡ya ven cómo me rebusco con eso de la creatividad!). Respecto a los primeros (ver acepción no. 1 antes mencionada), no me voy a detener en definiciones, pero se me vienen a la cabeza tres ejemplos bien ilustrativos: esta "maitra" (sí, la del desmadre de las cachiporristas y la revisión de la legislación del aborto), este otro (al que yo le creería más el título de "pastor" si se dedicara a la crianza de ovejas) y el señor "yo no soy ningún hereje, pero me cambio de iglesia porque en la otra me dejan seguir toqueteando".

Por otra parte, están "los herejes blancos" (voy a insistir en eso de mi sobre-abundancia de creatividad), que corresponderían a las acepciones 2, 3, 4 y 5 antes mencionadas. Vale aclarar que este es el grupo más abundante, están infiltrados en todas partes y nos escupen sus herejías en la cara todos los días.

Así es que, hijitos, este blog está lleno de buenas intenciones, de tal manera que aprendan a distinguir a los dos grupos y sepan cómo confrontarlos (y aquí es en donde piensan: "¡Es todo un santo!", pero no, relájense que "nues" para tanto).
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A propósito de los "herejemplos"

¿Y cómo van a aprender a distinguirlos? Por los "herejemplos" (que es un término acuñado por mí, aunque por ahí van a salir unos herejes protestando que fue invento suyo). Los herejemplos son precisamente ejemplos de herejías (quisiera volver una tercera y última vez con el asunto de la creatividad para que terminen de convencerse) que, a manera ilustrativa, demuestran las múltiples formas de actuar antijurídica y/o antieclesiásticamente de estos grupos. Quién quita y en el futuro se vuelve género literario... con tanto material para utilizar, no está muy difícil.

Explicados los puntos anteriores, no me queda nada más que agradecer de antemano a mis queridos lectores (que espero sean más que con mi fallido proyecto de la República de Chanqueso). Ah, por cierto, una última advertencia: Yo que ustedes me cuidara en todo, no sea que un día de estos vengan a parar aquí en calidad de herejes. Vaya pues, ¡advertidos!